sábado, 9 de diciembre de 2017

Anayo.

  En el camino de Gijón a Covadonga una parada obligatoria es la aldea de Anayo, interesante por al menos tres cosas, en primer lugar por ser un balcon inigualable sobre los Picos de Europa, la Sierra de Ques y Peña Mayor llegando a verse, en días despejados, hasta la Sierra del Aramo.

 En segundo lugar su iglésia que al parecer está construída sobre un primitivo templo medieval del que ya el rey Ramiro II confirmó sus privilegios a la Catedral de Oviedo.

 Y entercer lugar, y no menos importante,  por afectar a la salud física y espiritual de muchos asturianos, la famosa fuente balnearia de Fresnosa, donde las gentes acudían a curar las enfermedades de la piel y los males de amores. Y pián-piano se presentó como artista invitado el pintor japonés Chú-Sin, que puso la nota poética de su acuarela, un canto a las nubes y a las garzas. Más imposible.

 Acudieron a esta cita con la historia en minúsculas: Rosa Rubio, Tere Mieres, Blanca Costales, J.M. Puente, Jesús Antonio, Enrique Mijares,  Andrés Suárez, Eusebio Llorca y Ángel Suárez.
La niebla y las nubes protagonistas.

Acuarela de Rosa Rubio. (1)

Acuarela de Rosa Rubio. (2)

Acuarela de Tere Mieres.

Acuarela de Blanca Costales.

Acuarela de Enrique Mijares.

Acuarela de Chú-Sin. (invitado de Jesús Antonio.)

Óleo de J.M. Puente. (1)

Dibujo al carbón de J.M. Puente.

Acuarela de Eusebio Llorca. (1)

Acuarela de Eusebio Llorca. (2)

Acuarela de Ángel Suárez.

Andrés Suárez, Rosa Rubio, Jesús Antonio, Eusebio Llorca, Enrique Mijares, Tere Mieres, Blanca Costales y J.M. Puente.